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domingo, 6 de diciembre de 2015

MARÍA Diciembre 2015 CON AUDIO





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Soy María, Reina de los Cielos y de la Tierra. Hijos muy amados, permitid que os cubra con el Manto Azul de la Gracia, aquí y para todos los que tengan la oportunidad de leer, de escuchar y de comprender mi mensaje de esta tarde. Sé muy bien que mis palabras serán leídas u oídas por una ínfima parte de la humanidad. Sin embargo, aquella parte ínfima que sois tiene la capacidad de estar en resonancia con lo que voy a decir y quizás también de preparar a algunos de mis hijos – que no tuvieron todavía la oportunidad de conocerme o de reconocerme – para que descubran la verdad de mi Amor y la verdad de Madre que llevo en vuestro interior.

Como quizás lo percibáis con vuestros ojos carnales, con vuestra mente, el escenario de este mundo os muestra unos elementos que se aceleran, unos elementos que surgen en múltiples partes de este mundo, relacionados con vuestros hermanos, con vuestras hermanas, hijos míos todos, así como con la misma Tierra. Cualquiera que mire en su entorno hoy constata que el rostro de la Tierra se torna diferente. Os exhorto a ir más allá de las apariencias, más allá de los acontecimientos a veces espectaculares que ocurren en cualquier parte que sea de este mundo. Os insto a vosotros que me escucháis, que me oís, que me leéis, a que os recojáis ahora muy dentro del santuario de vuestro corazón.

Por mucho tiempo nos hemos esforzado – vosotros y nosotros – por lograr que descubráis la Verdad en vuestro interior y por vuestros propios medios. Os hemos aportado y ofrecido cuanto pudimos a fin de acompañaros en aquel caminar hacia la Verdad, hacia vosotros mismos y hacia el Amor.

Hoy en día la situación se torna urgente. No se trata de una urgencia temporal, aunque ésta sea real, sino más bien de una urgencia espiritual para que vayáis hacia vosotros, al encuentro de vosotros. Sea cual sea la disonancia de este mundo y sea cual sea el teatro de los acontecimientos, no olvidéis nunca que mi Hijo y yo misma os dejamos, a lo largo de estos milenios, muchas advertencias amorosas y cargadas de benevolencia hacia vosotros en relación con la verdad del Amor, con la verdad de vuestro ser, con la verdad de la Vida.

Mientras un nuevo día está despuntando, va a ser fundamental que realicéis en vosotros lo que ha sido anunciado por mi Hijo, por mí misma y por todos los profetas sea cual sea su origen y de diferentes formas. Ya es hora de comprender la urgencia y la importancia del Amor a fin de vivirlo, de manifestarlo, de realizarlo. El ser humano nunca se muestra tan fuerte en Amor como cuando se siente superado, cuando se siente afectado o quebrantado por las circunstancias de la falta de amor. Entonces es cuando encuentra la capacidad para reconectarse con este Amor que él es y para superar todo lo que es ofensa al Amor, que no es sino el miedo al Amor.

Tengo a bien recordaros esta noche lo que tantas veces os dije durante todos aquellos siglos: no le temáis a la muerte, ni a la vida, ni a manifestar con sinceridad lo más bello que anida en vosotros, ni a mirar en menos los obstáculos y las pruebas que la vida os trae, comprometiéndoos más y más a reconectaros con vuestra filiación eterna, a vivir realmente y no a dar la impresión de vivir en las entretenciones de este mundo inventadas para apartaros de vuestra verdad.

El tiempo de mi Llamada colectiva está ya lo suficientemente cerca para que lo clame a aquéllos de mis hijos que me escuchan y que me leen. Os lo reitero: «No tengáis miedo». Mirad como el gozo crece en vosotros fueren cuales fueren los tormentos que este mundo os obliga a ver, os obliga a vivir, como son la separación, la división, la guerra, la oposición, la ausencia total de fraternidad, que no son, lo repito, sino el miedo al Amor porque este mundo no conoce el Amor.

Cierto es que muchos sois desde ya los que vivís las primicias o la intensidad del Amor. Sin embargo cada hijo, cada uno de mis hijos, esté donde esté, debe comprender eso a fin de encontrar en él los recursos que lo hagan establecerse en lo verdadero y así no depender más de los decretos y de las opresiones dictados por el miedo al Amor.

No juzguéis nada pues eso no os atañe y recordad que en la forma como juzgáis seréis juzgados, vosotros mismos por vosotros mismos, no olvidéis eso, porque entráis en los tiempos del Amor, en los tiempos de la Gracia, ya no solamente a ratos, ya no sólo para algunos de vosotros, sino de una Gracia ofrecida a cada uno de mis hijos.

Mirad a vuestro alrededor. Mientras el hombre se desgarra hombre contra hombre, país contra país, la naturaleza demuestra quedar indiferente ante esos traumas, ante esas carencias y ante esos miedos al Amor. Y vosotros también, en vuestro corazón, ya sea a ratos o de manera más constante, o también como una esperanza, aceptáis la grandeza del Amor, aunque haya pasos equivocados, éstos no son nada. Estáis en los tiempos del recibimiento y en los tiempos de la Verdad. Ya no queda tiempo para vacilar, ya no queda tiempo para esperar, ya no queda tiempo tampoco para proyectar lo que sea.

Cada día el Manto Azul de la Gracia que coloco en vuestros hombros en adelante va a alinearos profundamente con lo que sois, llevándoos a descubrir un mundo interior mucho más rico y mucho más verdadero que lo que el mundo os da a ver en la superficie de esta Tierra, la que fue creada con tanto amor hace mucho tiempo, según una escala de tiempo que para vosotros, en estos cuerpos, no significa nada y que sin embargo es la verdad – que vais a descubrir si no lo habéis hecho ya. Ha llegado el tiempo de darse cuenta de la evidencia, de la evidencia del Amor, de la evidencia de la Alegría.

Algunos de mis hijos están bajando ahora a las profundidades, no de su ser interno, sino a las profundidades de la materia, donde no encuentran sino más miedo aún, lo que les hace más sedientos de amor, más sedientos de absoluto y de verdad, aunque para eso – en vez de usar el corazón – usen armas, usen lo que haya sido excitado en ellos. No os preocupéis por ellos. Permaneced conmigo como estoy con vosotros y en vosotros. Todo lo demás se hará evidente.

Fueren cuales fueren los choques y fuere cual fuere la aparente dureza, hay en profundidad, no en las profundidades de la materia sino en las profundidades de esos acontecimientos, un gran milagro que va a surgir. Todo va a regenerarse pero en otro tiempo, en un tiempo que ya no es tiempo y un espacio que ya no es espacio.

No creáis a vuestros ojos, no creáis lo que las imágenes muestren, no creáis lo que os digan. Experimentad vosotros mismos la verdad del Amor en estos tiempos de turbulencia y tiempos de Gracia. Son sin embargo los mismos sucesos los que han de provocar - en algunos - más turbación aún y - en otros - más alegría aún. Todo depende del punto de vista. Si miráis por el lado limitado de la vida, efectivamente eso es un tormento, pero si miráis con el corazón, veréis la alegría, veréis la paz, no la paz habitual en este mundo, que no es más que un espacio reducido entre conflictos permanentes, sino la paz real, aquélla de la Verdad, aquélla de vuestra naturaleza.

Hay en cada uno de mis hijos el mismo gérmen de Amor. Es idéntico. No puede ser de otra manera. Las condiciones de vida lo sofocaron. Las creencias erróneas en lo que es la Vida y en lo que es Dios fueron induciendo cada vez más al miedo, miedo al infierno, miedo al purgatorio, miedo al más allá, miedo a la muerte, cristalizándoos siempre más en la falta de Amor. Eso ha sido planficado, por cierto, no por nosotros ni siquiera por vosotros, sino que resulta directamente del encierro. Os dieron a creer durante mucho tiempo – no nosotros sino quienes no vivián la Verdad – que había que depurar, que había que evolucionar, que había que mejorarse, cuando – obviamente – lo que véis nada tiene que ver, en la pantalla de este mundo, con el más mínimo mejoramiento. Algunos de mis hijos están tocando fondo en su desesperación y es desde ese fondo de desesperanza de donde el Amor ha de surgir y mostrarse.

Tal es el sentido de mi llamada, la que os ofrezco esta tarde a vosotros que tenéis la suerte de leerme pero que será mucho más global en el momento de mi venida. Soplaré en vuestro corazón la esperanza de lo Infinito y la verdad de lo Infinito, echando abajo todo lo que subsista como miedos, miedos al Amor, miedos a la Verdad. No hay nada vergonzoso en lo que sois. No hay nada doliente en lo que sois. Todo ha sido implementado para impedir que os adentréis en vuestro gozo y en vuestra verdad, a través de las ocupaciones y las distracciones, a través de las creencias, a través de la falsificación de los mismos que transmitieron los mensajes de mi Hijo y que renegaron de su misión.

Sin embargo, todo eso no importa porque una madre siempre perdona, incluso el crimen más abyecto de su hijo, y le propone en forma más intensa a él la redención, justamente porque él es el menos digno ante los ojos carnales pero es quien más la necesita ante los ojos del Espíritu.

Cada uno de vosotros tendrá pronto que elegir entre vivir real y concretamente la Liberación o mantener un poco todavía el miedo al Amor, a fin de dar con el hilo de la Verdad. La Inteligencia de la Luz – y su despliegue ahora hasta el plano físico – os mostrará concretamente lo que es la Inteligencia de la Luz. La Luz será por lo demás la única cosa que subsista y se expanda.

Habéis sido liberados. Eso os ha sido clamado una y otra vez. Sin embargo el mundo falsificado subsiste todavía ante vuestros ojos. El sufrimiento por falta de Amor está en todas partes presente. La persona efímera se considera como un dios que rige las leyes de la naturaleza y las leyes de la vida cuando hay una sola ley para regirlo todo y es la ley de Amor y la ley del Uno.

Entonces vosotros, recubiertos con el Manto Azul de la Gracia, indicando así mi Presencia, la alegría será tal que nada más será perceptible. El único refugio posible está en vosotros y os daréis cuenta por vosotros mismos. Algunos de vosotros lo habéis descubierto desde hace muchos años; otros muy recientemente y la multitud, lo descubrirá. En lo más profundo del miedo del Amor, el Amor se revelará, no lo dudéis, porque vosotros podéis ya vivirlo por vosotros y lo que cada uno de vosotros puede vivir hoy, podrán vivirlo todos mis hijos, cuando llegue el momento. Vosotros no sois avanzados; vosotros sois quizá los precursores. Vuestra sed de Amor ha sido más intensa, no os ocupéis por los placeres y los errores de este mundo. Tal vez, os hayáis mirado a vosotros mismos de manera un poco más lúcida, incluso sin vivirlo, porque el único objetivo, si se puede hablar de objetivo, era el Amor.

Muchas de mis hermanas Estrellas, por su última encarnación, os han mostrado, en Oriente como en Occidente, el camino de lo que sois, aclarando lo que vosotros sois. No como un modelo para adorar, sino como lo que podíais ser cada uno de vosotros, seáis hombre o mujer, creyente o ateo, sigáis tal religión o tal filosofía. El Amor no conoce raza, no conoce religión; el Amor no conoce más que el Amor, lo demás, ni siquiera existe.

No vengo a pediros nada, ni siquiera vuestro Amor; vengo simplemente a pediros que reconozcáis la Gracia en este descenso pre-ascensional de la Tierra. Descended a vuestro Corazón y encontraréis el impulso necesario; encontraréis allí, la ligereza. ¿Qué niño de esta Tierra, amado por su madre, no tiene en él este tesoro y estos recuerdos? De la misma forma hoy, de manera más general, en el momento de mi Llamada, entre vosotros algunos lo vivís ya, lo habéis aceptado y esperáis.

Vengo a deciros que no tenéis que esperar más; que no hay ningún retraso; que todo estará cumplido muy pronto, para vosotros y para todos los demás de mis hijos. Todo ha sido organizado y preparado para que la Luz se despliegue totalmente e íntegramente, en la superficie de la Tierra, La Tierra os apoya también. Más allá de sus movimientos, más allá de su ira, ella florece de nuevo, os muestra la Vida. Vuestros reencuentros que se producen en vosotros, pero también en la misma naturaleza o en vuestro Corazón, son de la misma esencia y del mismo Amor.

Sé que muchos de vosotros, de una manera o de otra, comenzáis a experimentar el Amor incondicional. Ellos se descubren amando a todo el mundo, a verse en cada uno. Eso forma parte de mi Gracia y de vuestra Gracia. El Manto Azul de la Gracia y mi Presencia en vosotros, desbloquea lo que parecía todavía hace tiempo, congelado, porque el Amor nunca se congela, ni en una forma ni en palabras ni en organizaciones y, todavía menos, en religiones.

Ahora ya no hay necesidad de intermediarios entre vosotros y el Amor, entre vosotros y nosotros. Para algunos, es un descubrimiento devastador que lo hace cambiar por completo; no de vida, no de lugar, sino ante todo, de mirada, la que se dirige a la Tierra, a la Vida, sin distinción de raza, de sexo, de edad o de religión, sin distinción de afecto próximo o lejano. Ahí está la Verdad. Para aquellos de vosotros que, más allá de las Vibraciones de la conciencia, descubrís hoy la simplicidad del Amor y su belleza, no puedo más que animaros a dejar crecer siempre más, la manifestación de este Amor.

Y para los que no lo vivís y, aún así, tenéis la oportunidad de leerme, aceptad eso y lo viviréis. No hay necesidad de intermediarios, ni de rituales, ni de oraciones especiales. Abríos. No hay nada más simple; tan simple, que cuando lo descubráis, si no es todavía el caso hoy, os preguntaréis cómo habéis podido vivir sin eso, vivir para vosotros o para vuestra familia y no vivir para la Vida, para el don permanente de la Vida.

Todas las carencias de cualquier tipo, ya no se experimentarán como carencias, sino como una ocasión de hacer crecer lo que ha nacido en vosotros. Para aquellos de vosotros que vivís todavía hoy o solamente hoy, procesos Vibrales, la supra-conciencia, dejad también que se desarrolle la Vida. Mirad lo que ocurre cuando “dejáis ir” todo lo relacionado con vuestras creencias, vuestros apegos, incluso, la misma conciencia. Muchas de mis hermanas lo han expresado estos últimos tiempos, durante este año.

También quiero deciros, que no me idealicéis o me representéis en función de una historia, aunque fuera tan importante en la ilusión de la Tierra. Cuando os digo que soy vuestra madre, de todos, esa es realmente la única verdad. Cuanto más estéis en el Amor, menos problemas experimentaréis y menos os molestará lo efímero, el vuestro como el de otro o de cualquier situación.

El Manto Azul de la Gracia es mi firma. Ella os hace descubrir vuestra propia Gracia y viene también a indicaros que los tiempos han llegado; se viven en este momento incluso y el Corazón lo sabe, aunque vuestra cabeza lo rechace. No es una proyección, no es una anticipación, es la cruda realidad que descubrís. Además, si miráis con una mirada centrada sobre cualquier acontecimiento de este mundo, más allá de las explicaciones, sabéis cada vez más la falsedad de todo lo que se os presenta, porque eso no tiene nada que ver con la Vida y, todavía menos, con el Amor. El Manto Azul de la Gracia, os dará también, si no está hecho ya, la importancia de cada respiración que tomáis en la superficie de este mundo, desde el momento en que el Amor ha germinado y se manifiesta.

No os pido adheriros a nada; os pido simplemente que reconozcáis lo que sois y que yo estoy en vosotros, como vosotros estáis en mí. Cada uno de vosotros está en mí. Por supuesto, eso puede pareceros incomprensible a vuestros ojos de carne. Mi Hijo os lo dijo: lo que hacéis al más pequeño de vosotros, es a Él a quien se lo hacéis. Ahí está un gran misterio que está mucho más allá de la Unidad y de la ausencia de división y de separación, que la supra-conciencia puede vivir, pero es un hecho que, de alguna manera, está grabado en mármol aquí como en otros lugares.

Pronto, vuestra sed será saciada, más allá de toda esperanza, tan pronto como aceptéis mirar lo que sois y dejar al Amor actuar a través de vosotros, a través de vuestra persona, a través de vuestra vida, a través de vuestra familia, a través de vuestros seres cercanos y todavía más, a través de lo que podríais llamar, vuestros enemigos. No hay enemigos, sólo hay miedo o Amor. El Amor os quiere enteros. El Amor no conoce medias tintas cuando ha germinado y sólo puede crecer, sólo puede ser evidencia cuando se instala. Nadie podrá negarlo. Debido a los inconvenientes de la Tierra, en este momento, muchos de mis hijos han perdido la esperanza de encontrar en este mundo la Verdad que no es de este mundo.

Este tiempo es el del cumplimiento de la Palabra, el del cumplimiento del Juramento y la Promesa, de la Verdad. Siendo los hijos del Amor, no podéis ser más que eso y nada de lo que teméis y os limita. El Amor viene a invitaros a que no os limitéis en la expresión del Amor, a no limitaros a causa de la mirada del otro que no es más que tú mismo.

Los hijos de la Verdad, no pueden sufrir ninguna alteración de la Verdad, ahora. Os repito que, independientemente de las apariencias, no os dejéis engañar por ellas, sino escuchad la verdad de vuestro Corazón, no el de vuestra persona, sino el de la Eternidad, lo Efímero se muere; la Eternidad se revela. Sea cual sea vuestra edad, sean cuales sean vuestros recorridos, nutríos del Amor que sois; es el único alimento digno e íntegro. Porque sin Amor, por el mantenimiento del miedo al Amor, no podréis ver más que conflictos cada vez mayores y más extensos. Entonces, en el Amor, el miedo se alejará de vosotros siempre, incluso en este período anterior a mi Llamada.

La Vida libre, está libre de toda forma, de todo vínculo. Sólo la co-creación y la Alegría, están presentes. La sombra no puede existir, el sufrimiento tampoco. Todo está creado para el Amor y en el Amor como un juego de la conciencia, pero un juego que es Alegría, que no es, en absoluto asimilable a lo que se vive en esta Tierra, a excepción por supuesto, si habéis encontrado ya lo que sois.

El Manto Azul de la Gracia que vengo a depositar sobre vuestros hombros, será vuestro estandarte de Amor y la certeza de mi Presencia, antes incluso de mi Llamada, no por momentos, sino de forma definitiva. Recordad que no hay más barreras. Las naves de la Confederación están presentes por todas partes en vuestros cielos, visibles a vuestros ojos de carne, en testimonios cada vez más numerosos.

Entonces, decidid. Decid “sí” a la Eternidad; decid “sí” a la Vida Eterna; decid “sí” a la alegría del Amor; decid “sí” a la Vida, no a una vida amputada que se inscribe entre un nacimiento y una muerte, sino una Vida donde cada instante es un nuevo nacimiento y donde ninguna muerte puede existir ni ser imaginada.

En este momento, en la nave donde estoy con mis hermanas Estrellas, ardemos de Amor por vosotros, ardemos de Amor para que os conozcáis como sois, Nuestro Corazón danza desde el momento en que vemos qué se despierta en la Tierra. Es realmente un alumbramiento. Una vez pasado, generalmente la madre olvida las dificultades del nacimiento y el niño también.

Entonces ¡sí! estáis de parto de vosotros mismos. Entonces ¡sí! cada vez más numerosos descubrís y vivís el Amor incondicional, al que no le concierne ningún convenio afectivo, moral, social el que fuera, es independiente del entorno, de vuestra riqueza o pobreza material. Esto os permite de relativizar primero y luego de olvidar todo lo que es pasado y todo lo que muere, porque la Luz no permite otra cosa que la Vida, y lo que muere no es nada más que la ilusión.

Muchos de entre vosotros vuelven a vivirlo estos días, descubriendo con beatitud el Amor incondicional. Vuestra fuerza está ahí. Es la fuerza que mueve las dimensiones, es la fuerza que mueve todos los actos creadores.

Recordad que no tenéis ninguna guerra que llevar, solo tenéis que ver quién sois y esto se va a hacer cada vez más fácil. Si esto todavía os parece complicado, es simplemente que debéis dejar las cargas, las que todavía quedan y que os impiden de ver y de vivir. Allí donde estáis hoy es el lugar adecuado. Algunos entre vosotros pueden aún reajustarse por cambios bruscos pero dondequiera que estéis, el Amor os toca y el Amor os tocará, dejando arder en vosotros esta alegría inextinguible del Amor revelado. Se reconocerá entonces, se reconoce ya. Y recordad que los obstáculos que todavía pueden encontrarse sobre vuestro camino no son nada. Ellos son sólo unas oportunidades, incluso unos pretextos, para encontrarme.

Así como decía, no vengo a pedir nada, os vengo a ofrecer el Manto Azul de la Gracia. Incluso para los de entre vosotros que no vivieron nada de la Supra-consciencia, o de las vibraciones, no os pido nada porque os ofrezco todo a la medida a la que os ofrecéis al Amor.

Amar, sobre este mundo, con este Amor incondicional, es ir bien más allá del simple juicio, es ir mucho más allá, es sólo ver el Amor. No como aquel que no querría ver la realidad de este mundo, sino lo que justamente, gracias a la realidad de este mundo, sólo ve el Amor porque no hay nada más. El miedo al Amor entonces os abandonará, igualmente que lo que todavía puedan quedar aún de vuestras costumbres, de vuestras creencias o miedos. Veréis que no hay ninguna sombra en vosotros y recordad que lo que veis en el otro como sombra sólo es el reflejo de lo que sois. Viéndolo real y concretamente, esto allí también cambiará radicalmente vuestro modo de vivirlo.

Cada uno de vosotros es importante hoy, cualquiera que sea vuestra ubicación, cualquiera que sea el Amor, revelado o no. Cada uno de entre vosotros goza de un Amor igual y de una Luz igual. Los obstáculos no son nada, el Amor lo borra todo, el Amor lo perdona todo, el Amor lo aguanta todo. Vais a vivirlo y ya lo vivís. Y el conjunto de mis niños no lo podrán hacer de otro modo que de estar conforme a ello, incluso si todavía existen niños rebeldes si puedo decir, extremistas, que defenderán en cierto modo lo que ya está caduco y muerto, pero incluso esto no es importante porque habrán vivido lo que hay a vivir después de mi Llamada.

A muchos de entre vosotros ya os llamé hace ya muchos años. Hoy no necesito más de llamaros, incluso si seréis llamados como todo el mundo. Solo necesitáis de dejaros recubrir por mi Manto Azul de la Gracia, de decir “sí” al Amor sin condición ni interrogación alguna, e instantáneamente el Amor incondicional emergerá, porque la Luz está por todas partes, sea lo que sea lo que os quieran hacer creer y vivir.

Así como los últimos intervinientes os lo dijeron esta vez y durante estos tiempos de la Tierra, todo esto ya está en marcha. Esperamos, nosotros como vosotros, la llegada de la señal visible por todos antes de que me dirija a vosotros y que el conjunto de la Confederación se presente a vosotros, inundando vuestros cielos literalmente de naves y de Luz, mostrando la futilidad de aquellos que se oponen con unos medios irrisorios comparado a la fuerza del Amor.

Entonces realicemos ahora, si os apetece, aquí como cuando me leáis, un momento de oración silenciosa, con el fin de que el Manto Azul de la Gracia se os revele como yo me revelo a vosotros y vosotros os reveláis al Amor.

... Efusión …



Ahí, en el silencio unificado de nuestros corazones, se revela el milagro del Amor. Las doce Puertas de vuestra Jerusalén interior entonan el canto de la Liberación.

... Silencio …



Tú que me escuchas, tú que me lees, escucha y acoge. Te ofrezco todo. Te rindo la totalidad de ti mismo.

... Silencio …



Tú que estas aquí, conmigo, siente con tu corazón lo que eres.


... Silencio …



Y aquí, en este instante, dondequiera que estés, estoy contigo.

... Silencio …



Deja llenarte de Alegría, pues es lo que eres. Todo el resto será accesorio, en tu conciencia como en tu vida.

Te quiero y siempre te amaré, que lo quieras o no, eso no cambiará nada porque una madre sólo puede Amar.

... Silencio …



Vengo a consolarte si necesitas de ser consolado, con el fin de que vacíes tus lágrimas en mi corazón y que éstas sean secadas por el Fuego del Amor. ¿Sientes eso?

... Silencio …



Sé realmente ahora, sé realmente lo que Eres. No hay nada en que convertirse, porque vivir esto es vivir el Todo.

... Silencio …



Mi niño, mi amado, bendigo tu Presencia, aquí, bendigo tu Presencia que leyó y escucho y te ofrezco el Amor que eres.

Mi niño, mi amado, te llamo ya. Te llamo a la Vida.

Te aprieto sobre mi corazón y en mi corazón, con el fin de aflojar los temores del miedo de este mundo y de lo que aún puedas tener miedo.

Te bendigo también como el Hijo Ardiente del Sol que eres, tú, vestido de tu cuerpo de Gloria e Inmortal, te saludo como Eternidad, como Estrella revelada, porque viene el fin de la noche. Un alba nueva se levanta sobre la Tierra, sobre una Tierra regenerada donde tendrás la libertad de estar sin trabas, de ir y venir a dondequiera tú quieras y donde tu Corazón te lleve.

Entonces ¡sí! saludo tu Luz, saludo tu bondad porque sé que mi Manto Azul sólo puede magnificar tu bondad, tu benevolencia y tu sonrisa.

Quizás ya esté en tu Corazón. Estaré allí de todos modos, si no es hoy será mañana. Y si no es mañana, será a lo más tarde antes de Navidad. Lo sabrás, tu Corazón ya lo sabe, tu cabeza lo va a entender muy rápidamente. No podrá haber la menor duda, ya no hay más la menor duda.

Te quiero y ve en Paz, en el amor de la Verdad y en la verdad del Amor.

Me inclino delante tuyo.

Hasta pronto mi niño.

... Silencio …


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